domingo 10 de julio de 2011

Gabriel Salazar lo dice mejor.

"Es bien importante tomar conciencia de en qué periodo histórico estamos.No estamos en la época anterior al 73, cuando uno solamente pedía y exigía y saltaba en la calle y aplaudía a los líderes, ESTAMOS EN UNA ETAPA EN QUE TENEMOS QUE SER RESPONSABLES CON NOSOTROS MISMO ACERCA DE LOS DESTINOS QUE TOME EL PAÍS..." Gabriel Salazar.



"Le estamos pidiendo a Lavín que cambie el sistema, cuando lo que deberíamos hacer, pienso yo, es, olvidémonos de Lavín, ORGANICEMONOS AQUÍ Y AHORA EN UNA ASAMBLEA CIUDADANA, ASAMBLEA DEL PUEBLO O COMO QUERAMOS LLAMARLA, TODAVÍA NO ASAMBLEA CONSTITUYENTE. Y ESTA ASAMBLEA CIUDADANA DECIDE: BUENO, NO NOS GUSTA EL SISTEMA EDUCACIONAL PERO QUEREMOS PROPONER ESTE OTRO EN PARALELO AL CONGRESO, ENTONCES NOS VAMOS ACOSTUMBRANDO A LEGISLAR NOSOTROS, A EJERCER SOBERANÍA NOSOTROS. Pero estamos a medio camino, negociando con Lavín, como que no nos gusta y lo ignoramos, PERO TODAVÍA NO LEVANTAMOS UNA PROPUESTA POTENTE" Gabriel Salazar

jueves 23 de junio de 2011

Algo.

Me muevo con toda la desconfianza a cuestas: será ahora cuando? Se vendrá el proceso después del estallido? Qué se logra en lo concreto? Quién lo va a llevar a cabo? Es acaso sólo una explosión reaccionaria y mediática de una sociedad que ha acumulado las crisis como quien se guarda un enojo, un resentimiento? Ni idea, pero los hostigaré mientras pueda, a ver que pasa. Entremedio, gente que vislumbra algo...

sábado 18 de junio de 2011

La era de las protestas (2)

Estaba motivá. Patagonia sin represas, Patagonia sin represas!!!Vitoreábamos todos. Chicharras, trompetas, batucadas, aplausos, harto ruido y el río se encausó por la Alameda desde Plaza Italia hasta La Moneda. Después leí por ahí que fueron casi 15.000 personas, sin incluir la gente que sapeaba desde los edificios. Una viejecilla canosa-chascona desde una de las ventanas superiores del teatro de la Chile a la que desde abajo le gritábamos originalmente: awelita, awelita!!! Alguien remató con un: tírese awelita!!! Eso es un jolgorio de inicio de fin de semana, porque la marcha se convocó para un día viernes en la noche: después de la pega, en la previa del carrete, a la salida de la Universidad o el colegio. Quería pensar que estábamos todos, que Santiago completo se movía. A esas alturas aplaudía no sólo para calentarme las manos. Me pareció raro ver uno que otro paco desprovisto del aparataje de fuerzas especiales custodiando la masa desde las veredas, obvio que era una provocación. Ula-ula, ula-ula, los pacos tienen tetas, las vacas tienen tula!!! Ni un respeto por la autoridad, no me extraña que después en la portada de Las Últimas Noticias apareciera un paco con el cráneo destrozado por un skate para apocopar lo masivo de la marcha. Salvaguardando al skater, nunca debieron andar pacos dando jugo sin protección, el tirón de mechas debió llevárselo la misma autoridad. Porque se salía de toda expectativa la convocatoria, había más gente de la que todos se esperaban. Entre esa multitud nos fuimos cerca de una pareja de tatas a la que simplemente amé. La señora iba con una bandera violeta que decía “feminista” (bandera con la que casi me golpea, qué ironía) de la mano de su hombre pecho’e paloma, orgulloso. Juro que quise ese cuadro posmoderno para mi futuro, ya me veía de la mano de un Sartre en la nueva era del caos, absortos a cualquier método de coerción gubernamental, marchando por cualquier cosa, apoyando cualquier causa. Hermoso. Todos lo demás podían morir, sobre todo los fumadores. A veces siento que simplemente no puedo tolerarlos. En mi gobierno fuera los fumadores, todos a una isla y se acabó. Es que nadie entiende que en la multitud mi pequeñez se exacerba, en mi altura bajo el nivel promedio el aire no llega nuevo, sólo llega exhalado por los otros. Además nadie piensa en las colillas que se dejan al paso o en las quemadas de cigarrillo que DUELEN. Qué bueno que justo cuando ya empezaba a detestar al universo y a enamorarme perdidamente de un niño con corte de cabello Morrissey, nos encontramos con Sammy. Ya estábamos en La Moneda y prendimos. Los gritos dieron un giro: Los pacos, los pacos, los paco están bonitos, con sus uniformes que están apretaditos!!! El peda, el peda, el peda es muy bonito, tiene mucho pasto y muchos arbolitos!!!! No estábamos ebrios pero igual coreábamos esos gritos. La gente empezó a presionar a una línea de fuerzas especiales que contenía al populacho para que no avanzara más al Palacio de Gobierno, gente que se tiraba a las piscinas que hay ahí. No pudieron contra ellos, los guanacos empezaron a mojar y piramos con nuestras canciones ridículas hacia Plaza Italia de nuevo, en una pará súper tranquila pero bailando. Una vez robé un cono anaranjado, señalética de Plaza Italia y me lo llevé en micro para la casa y causó furor en mi barrio, no sé quién se lo habrá quedado pero sentí que había cumplido un sueño. Ese día mi otro sueño cumplido fue echarnos con los cabros en el medio de la Alameda en plena Plaza Italia a mirar el cielo, bien nublado por cierto, a esas alturas moríamos de cansancio y frío. Las ganas de mear nos sacaron de ahí y qué bueno. Cuando estábamos esperando turno para entrar al baño en el Telepizza las tortugas ninja llegaron a caballo, otra vez volaron las lacrimógenas y el guanaco hizo lo suyo.
Mientras meaba podía ver la calle desde la altura de un segundo piso y quien se parara a mirar esa ventana desde la que yo miraba bien podía verme el culo. No hubo tal panorámica por suerte, sólo logré ver un lanza de chaqueta roja saltando la reja que divide el paradero del resto de Parque Forestal, al que no pudieron agarrar. Salí del baño buscando a Sammy y a la Fefi porque la Pauli ya se había ido. Nos quedamos en el Telepizza un buen rato mirando desde ahí la cagá que se iba gestando en las calles hasta irnos a Bella por unas sopaipillas fluorescentes-radioactivas cuando parecía reinar la paz. Comimos. Sammy cortó para donde su novio a quién llamó desde mi celular, lo perdimos de vista con el guanaco viniendo hacia nosotras. No paró ninguna micro en el paradero. De repente una turba de encapuchados con piedras y molotovs entre nosotras y los pacos a caballo. Correr y correr unas tres cuadras hasta perdernos. En eso perder por sexta vez mi celular, dejarlo caer sin sentirlo siquiera, saberlo perdido arriba de la 508. A salvo por fin. Nos encontramos con el Ruben que venía del Peda, en la micro.

domingo 12 de junio de 2011

La era de las protestas (1)

Hay que estar en contra de todo lo que se pueda estar en contra, hay que posicionarse en alguna parte, hay que preferir la ventana o el pasillo en la micro y no agarrar solamente los asientos desocupados.
Ahora, ser una mierda buena onda se traduce en una persona que protesta. No podís quedarte abajo de la contingencia, tenís que ir a reclamar, hacer oir tus demandas, SER UN CIUDADANO. En algún punto habría que agradecerle a Piñera haber desatado esta efervescencia, el "gobierno ciudadano" del que se vanagloriaba Bachelet parece hacerse efectivo hoy. Casi todas las semanas hay convocatoria para una marcha desde el 1° de Mayo, para mí todo comenzó contra HidroAysén. No recuerdo bien la fecha, pero juro que nunca estuve en una marcha TAN masiva, a ratos me orillaba a la acera de la Alameda para ver circular a esas hordas de gente que no hacían un mar si un río. Un río Becker!!! Gritaba yo. Baker!!! Me corregían los que sabían. Claro, yo estaba ahí porque me invitaron las cabras, había leído una que otra cosa en Facebook pero nada a lo que haya puesto real atención, sólo padre me había hablado de “otra multinacional de mierda que viene a apropiarse del sur de Chile”. Sinceramente las aglomeraciones de personas me asustan, pero me gustan en la medida que arman un despelote, un descontrol sin precedentes, un caos, qué sé yo: pacos empelotándose y uniéndose con los manifestantes, acróbatas trepando por el mástil de la bandera de Chile gigante para prenderle fuego, políticos suicidas lanzándose desde el techo de la Moneda, cosas que en verdad nunca pasan pero que una las espera con ansias, con la adrenalina al tope.
Llegamos al frente del teatro de la Universidad de Chile la Pauliners, la Fefi y yo, previo convencimiento en el casino del Peda. Yo no sólo no estaba bien informada, además va en contra de mis principios anarcoermitaños moverme con el resto de los seres humanos, precisamente porque no conozco a ese resto que por lo general me cae mal. Dicho y hecho, emulamos los gritos y los aplausos entremedio de la fisonomía típica del cuico culia’o hippie, seres que conocen la Patagonia en vivo y en directo con todas las bondades de su geomorfología y ecosistemas que una, bicha pobre obligada a creer que Santiago es Chile, a penas vislumbra en wikipedia. Fue en ese momento de resentimiento social que supe por que estaba ahí.

domingo 29 de mayo de 2011

aquíyahora?

Cuántas veces podría llegar escribir aquí y ahora hasta que realmente me sienta aquí y ahora: aquíyahoraquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaqupiyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahoraaquíyahora...
Para qué seguir, sigo allá en otro tiempo.

jueves 19 de mayo de 2011

No se puede carretear así.

Pienso varias veces al día en la posibilidad de unos audífonos baratos por los que no se cuele ni un solo ruido del exterior. Cualquier sistema de enajenación viene a ser la panacea ahora que no quiero pensarme, me caigo mal. No me habría dado cuenta de la mala que me tengo de no ser por ese 3,9 en gramática. Un tres coma nueve, UN TRES COMA NUEVE. El día antes de la prueba mi nivel de estrés llegó a tal punto que reía y lloraba a la vez encima de las fotocopias. Sabía que por más que tratara no iba a poder meter toda esa información en mi cerebro vacío de grammar. No había estudiado antes, había fallado en mi funcionalidad, nada iba a rescatarme del escarnio personal al pensarme. Mi rol EE (eficiente y eficaz) me había quitado varios cuestionamientos de encima: Por qué cresta estudio una weá que no me gusta? Pa qué ser otra profe mediocre en el Universo? Por qué no me quedé estudiando en Valparaiso? Y si me echo otro año en la U pa ser más feliz? Y si me chanto en su puerta a exigirle cariño? Preguntas que en mi funcionamiento sistemático cuyo único objetivo era pasar ramos, se omitían. Iba como caballo de feria pero perdí los estribos y me salí de mi rol. Estoy fuera, aterrá, no puedo evitar aislarme, me di cuenta de eso el viernes. Desentoné de entrada: me compré una Kunstmann miel, cerveza individual y rica entremedio de las Balticas-Antillankas que bien podrían crecer como callampas en los pastos del Peda. Es que en el fondo añoraba esa misma Kunstmann descansando en un velador al lado de una cama sobre la cual estuviéramos envueltos en una frazada de polar, echados, fomes, yo rascándole el cráneo. Mal pedir sin entregar na’. Y por qué no valdría entregarle al cosmos mis ganas de estar rascándole el cráneo a alguien?
Y estábamos todos los cabros en la tocata de atrás de los baños de arte. Como única iluminación un foco de luz blanca que por detrás de los músicos lanzaba su chorro de luz al público, todos a contraluz. Nuestras sombras largas rebotando en el piso hasta perderse más allá de la cancha. Inevitable mirar el foco directamente para encandilarse por gusto y hacer de las sombras un séquito de seres marchando en vez de bailando ska. Seres que mutaban a escolares sin rostro camino a encontrar la muerte en una máquina que los haría carne molida y sonando “Another brick in the wall” de ya saben quienes. Miraba a ratos los edificios de alrededor desde los que nadie asomaba ni la nariz. Me hubiese gustado ver a alguien en la ventana de uno de esos departamentos, saludarle con la mano y que me oyera gritar, como diciendo: mira como soy parte de este ruido... Porque quería ser parte de ese escándalo a medias improvisado, hacía lo posible por bailar, me sacudía el aburrimiento gritándolo, quería estar ahí pero obviamente no estaba.

domingo 17 de abril de 2011

Abril (2)

Despertar al lado de alguien que te hace cariño y te regalonea es impagable, una piensa que la vida debiera ser eso, siempre. Cómo, por qué el azar se volcó a mi favor y no desperté en forma de espíritu trozada en una fosa común, gracias. Me pareció todo tan perfecto en la luz de la mañana que sólo podía haber salido de ahí siendo la polola de Leo. Ah, de veras que soy tu polola, le decía camino a su casa. Donde habíamos pasado la noche resultó ser una “oficina”, reí y desconfié pero todo iba tan bien con nosotros caminando de la manito que aplaqué toda mi curiosidad de querer saber el origen de ese lugar.
Me gustó el olor de la casa de Leo, el recibimiento de su mamá en pantuflas, la vista desde un tercer piso hacia una calle que nunca pensé verla sin caminarla. Quise ayudarle a preparar el desayuno pero me sentí patuda metida en la cocina, preferí sentir el olor a pan tostado desde el sillón del living y hurguetear unos libros que estaban en la mesita de centro. Tengo un libro que creo te podría gustar, o algo así dijo Leo. Y me encantó. Es que entre mis manos puso “Love is a dog from hell” de Bukowsky. Me mató, y en inglés más encima. Estuvimos un buen rato hojeándolo, yo le hablaba de lo sacrílegas que pueden llegar a ser las traducciones.
Desayunamos. Regaloneamos harto rato en el sillón. Yo, practicamente depositada en él y por la chucha que me sentía bien, tranquila, relajada, en ese estado de tener sueño pero quedarnos placenteramente despiertos. Cuando ya me tenía que ir a la U le pedí que me acompañara, qué sorpresa para mí esa falta de negativas. Fui al baño a lavarme los dientes y al volver me quedé un par de segundos en el umbral de la puerta de una de las piezas, casi al fondo Leo hablándole a su abuelo, no sé qué le decía pero modulaba. Leo me vió mirarle y como que algo me pasó: una ternura enorme mezclada con un “uy, me gusta”.
El abuelo de Leo nunca me vió entrar, después de saludarme amoroso me preguntó cómo había llegado y abierto la puerta, me dio tanta risa que no le respondí. Suerte que Leo me auxilió y le contó que habíamos llegado juntos...
Juntos,” juntos” suena bonito, juntos pasamos ese día entero: echados en el pasto escuchando algo de una tocata, paseando, hasta a un taller literario fuimos. Uno que se dictaba en un bar cerca de parque Bustamante donde nos increparon con esas preguntas de por qué y para quién escribes, una paja, me da vergüenza incluso recordar lo que respondí para salir del paso. Luego el bar se transformó en lecturas poéticas que ni pesqué o quizá sí, pero mejor me dediqué a mirar la mesa que Leo indicaba como el jet set de la literatura chilena de quienes no retuve ni un solo nombre, ni siquiera el de la niña de cabello corto que me pareció tan bella. Y vaya que se lo tomaban en serio eso de embriagarse, hablaban re poco entre ellos, parecían íconos en decadencia, eran de cera y se derretían en sus sillas.
Volvimos de madrugada a la “oficina”, nos apretamos contra los estantes de libros y acabamos otra vez en el colchón del sillón cama. En la mañana Leo se encargó de borrar todo rastro de que estuvimos allí, tampoco pregunté nada, mi entrega es total siempre, toda esa magia dura tan poco y yo ya tenía que volver a la casa para que padres me vieran viva. Leo me fue a dejar a la micro pero caminamos harto antes de tener que despedirnos. Me preocupó que le sangrara la nariz, me preocupó además que ese azar lleno de sentido se desplomara de pronto, despedirme de él fue vuelta a caer en la incertidumbre…
Es que hay felicidades compartidas que deberían durar más tiempo, no es justo que la realidad te toque de esa forma para después empujarte fuera de escena y nuevamente verlo todo desde la perspectiva del espectador. Le di un montón de besitos chiquititos antes de subirme a la micro, amontoné hartos en su boca por los que no le daría los próximos días.

viernes 15 de abril de 2011

Abril (1)

“…it was all a dreamy alternative reality that didn’t touch his real life, whatever that was, at all”.
About a boy, Nick Hornby.

El misterio de cómo suceden las cosas cabe todo en un “orden caótico”. Mientras Barrientos insiste en el carácter perfectible del ser humano y le da con que la educación es un proceso moral, con las cabras vamos al casino de la U a tratar de conseguir almuerzos con vales vencidos-regalados. Mientras nuestros profes insisten en la metacognición, nosotras adherimos a cualquier reventón propuesto sin un solo morlaco en el bolsillo pechando hasta más no poder. Y en eso andabamos ese día que conocí a Leo: un malogrado objetivo de entrar a una tocata nos derivó con desconocidos a un bar curiosamente llamado “El Bar de Moe”. Yo no quería ir pero las cabras me envolvieron de tal forma que desde el bar aquel pasamos a otro después.
Subimos por una escalera al segundo piso plagado de gente que se conocía entre sí o que conocían a algunos de los seres con los que llegamos. Nos mezclamos rápido, y derrepente Leo, con una mirada que parecía escanearlo todo, usando un gorro bien feo y azul que trataba de regalar a toda costa. Al tiro el relato se vuelve confuso: Leo a mi lado esperando a que las cabras salieran del baño, yéndonos en patota al bandejón central de Alameda, aislarnos, beber, bailar y gritar. Después Leo caminando junto a nosotras más una manada de humanos a tomar la micro que nos llevaría a la casa de alguien. Bajarnos en metro Católica en dirección al departamento de ese alguien. Una de las cabras desertó y cortó para otro lado. Con mi amiga y Leo seguimos a la masa entonando himnos del Bulla que ni nos sabíamos. Hablar entremedio lo que la ebriedad olvida. Gente yendo a comprar a la botillería. Con Leo quedarnos a la entrada del edificio y besarnos, aceptarle el beso por tararear “Please, please, please” de The Smiths muy cerca, casi en mi oído. De curás tratar de subir los 18 pisos por las escaleras, aunque Leo prefirió el ascensor, obvio que no llegamos ni al 4to, no sé por qué hicimos eso. No sé tampoco como hay gente que puede vivir en un departamento sin luz y sin agua. Lo primero que hice al llegar fue ir al baño a hacer pipí. Al salir nos agarramos con Leo en la oscuridad a besuquearmos calentonamente en la cocina que no tenía cocina. Lo bueno de carretear con músicos es que si no hay radio igual hay música, música que también puede molestar a los vecinos al punto de que igual llegaron los pacos a sacar un parte. Pacos en la puerta y nosotros alienados engrupiéndonos mutuamente con Leo en el balcón, viendo curiosos un edificio del frente que parecía proyectar imágenes como por un data show en la ventana. Será porno? Erís de aquellos, cierto?, le preguntaba. Cómo de aquellos? De aquellos poh, le insistía como si fuera a entender.
En el lapsus que nos abrazamos con Leo ya me estaba despidiendo de mi amiga. Recuerdo que él se suponía me iría a dejar a la micro solamente, pero caminamos hasta Club Miel, tratamos de entrar y como nos cobraron entrada mejor nos largamos a la que yo creí, era la casa de Leo. Una casita en una especie de cité, bonita, de tres ambientes, patio interior, una biblioteca completamente asaltable y decoración que advertí, así de entrada, imposible era gusto de hombre y se lo dije.

lunes 21 de febrero de 2011

Julio (2)

Quitapenas: chorrillanas y terremotos. San Cristobal: teleféricos y fotografiar un grupo de gringos. En un momento Julio llamó a alguien desde un teléfono público. Me preguntó si lo acompañaba. Partimos a un carrete a la mierda, un lugar cuico que no retuve y que debe ser igual a todos los lugares cuicos de Santiakisto. Departamento con terraza filete, así que ahí me fui mientras Julio sociabilizaba. Me acaparé un costado con la mejor vista con un pisco sour que agarré a la pasá y ahí me quedé. Ni falta hizo pronunciarme como aburrida cuando Julio llega y posa su vaso frio en mi hombro. Shevame a uno de esos bares de la otra vez, me dijo. En taxi, obviamente pagado por él, en dirección al nunca bien ponderado barrio Brasil. Yo diría que a esas alturas ya estábamos bien chambreaitos como pa' andar cantando y gritando por las calles. Dos Kunstmann miel y echarmos pa’trás en las sillas de plástico. Nos quedamos callados un ratito mirando el cielo, tal vez para preguntarnos a nuestro adéntricos cuán ebrios estábamos. No te imaginás cuánto he disfrutado este día contigo, se acercó mucho pa decirme eso. Nos miramos. Él ni agitado siquiera pero a mi me latía el corazón a mil. No me aguanté, tenía que decir algo, cualquier cosa que cagara el momento. Oye Julio y por qué no viniste con tu novia? Juro que escuché un cueeeeeeeeeeeeck repicándome en el oído. Me da tanta rabia, era mi oportunidad de esa tensión cinematográfica de antes de besarse.
Me banqué un rato el cuento con su ex, algo sobre cuando ya llevas mucho tiempo en pareja. Pero qué sé yo de estar más de un año con alguien, de esforzarse para hacer que una relación resulte, de eso no sé nada. Yo sé de cagarla siempre, de hacerme la weona y huir, de callarme lo que debería decir...en fin.
Una lata todo ese rollo de los ex y todavía estaba lo suficientemente consciente como para aburrirme y mirar a los demás. Y que feo es un sábado de carrete de los otros. Gritan y hablan weás, parece ser esa la razón de beber, el ambiente se tolera arriba o adentro del balón, nunca afuera. Julio, le dije finalmente, te puedo decir algo, erís un tipo, no sé cómo decirlo sin que suene cursi, pero la definición que cae de cajón es “encantador”. Tengo caleta de ganas de hacerte cariño pero no sé si es por ti o porque necesito abrazar y hacer cariño. Yo creo que si me besai ahora no me voy a negar y es bien probable que me caliente y termine yo invitándote a un motel, cosa que ni siquiera puedo hacer porque no tengo plata. Ahora, no sé si vaya a follar contigo porque te lo dije, pero lo que quiero, lo que sí quiero y necesito con desesperación, es amor en cualquiera de sus formatos. Julio rióse de mí. Julio rióse a carcajadas de mí. A mí también me dió risa, me puse roja porque igual estaba al tanto de que me vi ridícuala en ese atacaso de sinceridá . Pero Julio en su infinito atinamiento no-chileno me dijo: qué esperás, busquemos un lugar donde pasar la noche.
Me relajó tanto vomitarle en resumen lo que me estaba pasando. Le pedí que hiciera como que era mi novio de juego y que porfa me besara la mano. Caminamos harto, en varios moteles nos dijeron que estaba todo ocupado. Al final recurrí a los recortes de diarios, avisos moteleros de esos que dicen “10% de descuento presentando este cupón” que guardo junto al pase escolar. Julio volvió a reir, yo volví a enrojecer al mostrarle y exigirle a la anfitriona mi descuento. Llegamos a esa habitación como quien llega a su casa, nos sacamos las zapatillas y nos echamos en la cama. Todavía estás enamorada de Feli? No quise preguntarte antes, lo creí prohibido. En ese momento sentí que era el turno de Julio para cagarla así que estaba bien y le respondí que NO, que era alguien a quien amé muchísimo pero que ya no me limitaba ni me hacía sufrir, obviamente la distancia me había ayudado harto. No profundizamos más en el asunto, pero conversamos hasta bien entrada la mañana. Dormité y cuando desperté Julio me estaba metiendo mano así que me le lancé encima. Fue hermoso.

miércoles 16 de febrero de 2011

Julio (1)

No creo que Julio me haya mandado chocolates por lo de San Valentín. Recuerdo que le insinué que los chocolates aquí, que los chocolates acá, que uy, que rico los chocolates, que valía la pena ser un amante a la antigua, un romanticón arjonado, un weón que envía chocolates por correo a la distancia, aunque hubiese preferido un mail…
Será su forma de decirme: gracias por el revolcón, por el tour santiaguino a la medida, o por recibirlo ansiosa después de su viaje al Sur de Chile. No sé. La tarjetita a penas indicaba el “para”, el “de” y un "gracias". Me cuestionaba todo eso mientras elegía que chocolate primero me echaba a la boca y cual después. No me gustó tanto...O sea, los chocolates sí, ricos, pero olía a mera cortesía forzada en el día de los enamorados. Y si andamos con esas, por qué no me pegó un llamadito o me escribió una carta diciéndome que estaba enamorado de mí. Me cagó, no hallo que mierda subentender de este “gesto” normal, común y silvestre. Es muy probable que no haya que entender nada, asumir que disfruté del 95% de cacao y listo. Pero yo no soy así y Julio debería saberlo. Saberlo pa qué, si ya ni lo voy a ver…
Me gusta Julio. Me puse más nerviosa que la mierda cuando leí que venía a Chile reclamando la tercera parte de su tour por Santiago, sin intermediación de Feli un mail directamente de él para mí. Como no soy capaz de pensar como turista no preparé na’, me descompensé, no me quedó otra que improvisar.
Julio para mí siempre fue un argentino atípico: un tipo de pausas largas (como que a veces se quedaba pegado) para nada fanfarrón, aunque canchero, y un desparpajo para hacer lo que se le venía en gana pero que no atentaba contra la comodidad de nadie, su voz más dulzona que imponente con hartas sonrisas entremedio. Guapo, simpático, de esa gente que da gusto llevarla a cualquier parte porque donde sea lo pasan bien, como si se armaran un campo de fuerza anti-aburrimiento alrededor.
La última vez que vino con su novia, la ahora ex, también los guié, incluso les recomendé un motel. Sobre todo me fascinaba como la besaba a ella, reconozco que los miraba sin pudor meterse la lengua el uno al otro. Tenían esa complicidad de comunicarse por efluvios misteriosos, con apenas mirarse se entendían perfectamente o se adivinaban. A veces Julio le besaba la mano, pero fuera de toda cursilería imaginable. Por eso le pedí, en medio del lamentable speech que me mandé ese día en un bar del barrio Brasil, que por favor me tratara como a su ex novia, aunque fuera por un rato. Aún no logro explicarme muy bien qué me atrajo de Julio. Y es que no es específicamente algo, es él caminando por el San Cristóbal mirándome atentamente cuando trataba de explicarle por qué encontraba estúpido llegar a un país desconocido e ir a meterse a un museo.

lunes 17 de enero de 2011

Puntarenazo

Nos levantamos tarde en la casa, es el calor el que nos saca de la cama. Hay carne en el refri, sorpresa que dejaron los australianos antes de partir con monos y petacas al sur. Últimamente me siento como la sobrina de un tío rico generoso.
Tenemos asado un día lunes. Padre de parrillero saca todo el aparataje al patio: la radio, una silla de plástico; oigo que sube el volumen cuando suena Garota de Ipanema, si es que no me equivoco la versión de Joao Gilberto. Perfectamente podría imaginarme que estoy en Brasil pero ni se me pasa por la mente. Todavía en pijama me como un durazno. Gabriel en las mismas llega al comedor y prende la tele.
Noticias veraniegas de la tarde, mis polainas. En escena y contrastando con Santiago la ciudá horno: nublado telón de fondo, magallánicos dejando la cagá, golpeando ollas y bloqueando caminos. Observo con el ansia de que vaya in crescendo y que por fin algo, algo que se pase por la raja esta dilatada tranquilidad de enero que no tiene sentido si no es cerca del mar. Hermoso, que gringos embobados con la oferta turística del sur sean despachados devuelta en las mismísimas puertas del paraíso y que no vuelvan, que no vuelvan más!!!
Salgo al patio, veo a padre dando vuelta la carne en la parrilla, le cuento de las protestas en Magallanes y él me recuerda que es aguerrida esa gente extrema del Extremo Sur: Las primeras rebeliones en contra de Pinochet allá fueron, para que tu sepas, es gente es de armas tomar...

jueves 6 de enero de 2011

01

No me gusta msn ya. Tampoco me gusta facebook pero su utilidá supera mi desprecio. Le agarro cada vez más amor al blog, de hecho lo amo más ahora en verano, ahora que puedo escribir tonteras a gusto. LAS TONTERAS NO ME GUSTAN.
Iba a comenzar escribiendo: "Hola 2011", pero en su lugar puse 2010, retifiqué rápidamente, lo que menos quiero es darle continuidad al año pasado. Claramente no es fácil acomodarse a los cambios. Qué título más feo para entrada de blog saludar al nuevo año, parece frase de cotillón, terrible.
Coincidencia bonita: es el año del conejo y la Kika, mi coneja, parió sus crías para el año, sólo quedan dos conejitos de los siete que tuvo, entre ellos el que quiero dejar para mí y padres se oponen.
Son las 4 de la mañana...
El insomnio se traga mis noches y las vomita en el día.

lunes 3 de enero de 2011

domingo 2 de enero de 2011

No lo subí antes (2010)

COSTÓ.

Proceder a resumir o a hacer balance del año que se va no puedo. A estas alturas de diciembre todo lo que alguna vez tuvo cierta relevancia, cierto título de problema, se zanjó, se arrugó y se quemó en ese lugar metafísico de la memoria mía.
Soy súper penca recordando, para eso tengo que estar en vena o como dice el colectivo "tiene que darse". Me imagino en la instancia de estar con las amigas que veo dos o tres veces al año, amigas que exigen un trailer de mi vida. Yo sufro, tal vez todo lo que cuento ya lo dije, porque toda la comunicación no verbal de mi interlocutora parece decirme “pero si es weá ya me la contaste” o “me aburro”. Y claro, como ya cachan que soy desmemoriá sus gestos también me compadecen y me asumen, cosa que de verdá agradezco. Entonces todo se remite al presente continuo, lo que está pasando que nunca es tal tampoco. A veces me pillo a mi misma relatándome mentalmente lo que estoy haciendo, como uno de esos locutores deportivos en los partidos que escucha padre por la radio; o como el relator de las carreras en el Teletrack; o como en esa película Stranger than fiction. Ah, no, ahí no hay tanto presente continuo. Digo, en la supuesta narración en tercera persona que hace la autora del protagonista. Pero para qué detallar más de la pelis. Si ya la vieron sabrán a lo que me refiero y si no, véanla (un chúpenlo cortés)
Son raros los vericuetos de la memoria. La mayoría de las veces son puros espasmos de recuerdos, epifanías que aparecen sin necesariamente requerirlo el contexto. Ahora por ejemplo, mientras escribo me acuerdo del Feli(un poco caigo en la idea de que verme frente al blog, nueva entrada, es verme frente al Feli y por eso un recuerdo de él). Me acuerdo de mi sentada en un sillón con su polera de Beethoven que ni siquiera era de él. Yo recojo unas servilletas que se van desbordando por la orilla de un colchón que llegamos y chantamos en el suelo del living y ahí el Feli durmiendo, babeando de una comisura con un par de granos de arroz pegados, pero es que incrustados en la mejilla. Esa imagen me hace tanto reir, por un rato no cacho cuantos días llevamos así: comiendo y follando en el mismo lugar. ..
Un recuerdo que ya no me hace llorar. Recién ahora en diciembre siento que estoy lista, que mi corazón está entrarando en en el circuito de “disponibles”. Antes puras mermas, puro elegir mal, puro dejar ir al que debía retener, puro negarme las posibilidades y principalmente puro hacerme infeliz. Pareceme que estoy en el punto de la radicalidá: el momento de soltar, liberar, dejar es AHORA.

jueves 25 de noviembre de 2010

Del amor de los otros al dolor de los otros

Ante la cercanía de la muerte reacciona el cuerpo: la guata es la primera en apretarse, la cara palidece, se traga saliva, todos los gestos tienden a caer, también las rodillas entran en shock. No puede ser sólo la sorpresa, que dentro de todo el azar haya posibilidades que no se barajan, es un poco más aterrador, es como la incapacidad de defenderse ante la inminente amenaza, una amenaza natural e ineludible, un depredador agazapado, así es la muerte, se vive con ella. El cuerpo debe haber desarrollado miles de mecanismo de defensa para permitirle a la muerte vivir al acecho. Sin embargo, nadie está preparado para que le salte encima. Y cuando la muerte salta nada se paraliza, los días y el mundo siguen tal cual y a lo mejor eso está mal, quizá algo tendría que cambiar qué sé yo, en vez de café por la mañana un te rojo; despedirse siempre con un beso y un abrazo; lavar la loza, secarla y guardarla; no pasarse todo el día frente al computador encerrada en la casa; jugar más con el hermano chico; amar más; todo eso que ya es bien aprehendido de las películas, de las canciones y que a la hora de los quiubos se olvida, no se practica, se abandona como un bien relegado a la pura ficción...
Bienaventurados los suicidas, son los únicos que le dan la bienvenida a la muerte.

martes 16 de noviembre de 2010

Tenía que citarlo!


"jcie8ydtrfh7uteyrh7d hgrfidiuhj89fdiyuhu hgvfoiucgy8urytttttttttttghhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh58y023yttt849yrf878ygtu4tu8r4tyr738ui48ruy737yt85iut8u asi es el ingles"

Gabriel

lunes 15 de noviembre de 2010

Adios a Freud (2)

Apreté un poco las malas ideas con las dos manos sosteniéndome la cabeza. En el traspiés de llegar y abrir la puerta de Freud olvidé todo el falso discurso que tenía para él, al mentir se quiere hablar lo más rápido posible, eso lo sé porque veo Lie to me. En un lapsus que no vi la secretaria estaba a mi lado ofreciéndome un vaso con agua y un paracetamol. Sé que la miré con toda la bondad que pude pero no le di las gracias.
Me sentí abandonada de ideas en esa sala de espera. Lo único que veía era a Freud saliendo de la consulta diciendo que lo esperara un cachito y devolviendose a buscar su chaqueta y las llaves del auto. Listo, que si me tinca un cafecito, me pregunta cuando ya estamos bajando hasta el subterráneo en el ascensor (bien podría ser descensor). Entonces yo voy no más, pensando que mejor un helado, partimos en su auto. Me habla de su señora, de sus hijos, que hay uno de mi edad que ya está casado, yo le digo que mal igual, casarse es el peor negocios ever pero quizá a su hijo no le interese porque como tiene papás médicos, familia cuica, la persistencia de la lucha de clases. Nos cuesta un rato estacionar. Arremete Freud en un lugar donde un auto viene saliendo y agrega, ves el del auto blanco, también está al acecho, pero le ganamos. Nos bajamos a caminar en busca de un café y yo le digo que con helados. Buscar un lugar nos toma el tiempo suficiente para decirle que he mejorado, que ya no siento que no amo a nadie, que en verdad quiero a caleta de personas aunque no se den ni por aludidas. Cómo le hago ahora, le pregunto y él suelta una risita bien tímida como para que no sea tan drástico el cambio de paciente a ser amiga. La nueva tarea entonces es poner al tanto a esas personas de que las amas, me dice, yo preferiría que me enseñara a conservarlas, me basta con alguien que no me dé miedo que se vaya...
Pero es pura imaginación mia no más. La secretaria trata de adelantarme la hora llamando al paciente que venía antes que yo y que confirma su asistencia. Me quedo ahí esperando un poco más de una hora a que Freud me atienda y me despache sin mas ni más. No sé si ésto sea no tener nada pero se siente bien parecido.